El tiempo en que Fernando se vulcanizó

A muchos espectadores se les dificulta comprender las propuestas estéticas de los artistas modernos y/o post modernos. Y este es el caso en la obra del artista experimental Fernando Llanos… siempre y cuando seamos personas extremadamente conservadoras y autómatas.

El arte de Fernando puede definirse y hasta diferenciarse de otros porque hay dos grandes componentes que lo marcan: su mirada y su estilo. Lo que está a la vista y no requiere de un ojo acucioso es su estilo transgresor, irreverente, a veces desde una puesta en escena del “macho” mexicano, a veces “castigador”, siempre reivindicativo y a mi parecer muy particular usando un adjetivo mundano, la obra de Fernando es: machetera.
Pero todo eso y “otros posibles” en su estilo han marcado notablemente su trayectoria gracias a su particular mirada, si consideremos que en el mundo en el que se desenvuelve, casi ningún artista la posee.

La mirada de Fernando, sin temor a pecar de “hereje”, pertenece a las mujeres que siempre han estado alrededor de su momento creativo y de los momentos constructivos de sus piezas. Su arte viaja en una barca segura de la mira femenina presente y eso posibilita que estás se resguarden en el corazón de los espectadores. Su último trabajo, realizado en conjuntos con los estudiantes de la carrera de cine y televisión de la Universidad Veritas de Costa Rica, Volcán no está lejos de esa característica y como suele ser en su sistema de pensamiento, la osadía y la entrega lo hacen posible.

Esta es una pieza flexible pero que no guarda rencor ni lástima a los límites establecidos que la conceptualizan y que genera a su vez asombro al combinar el aspecto mecánico con el espiritual. Bien se dice que siempre un volcán despierta pasiones y miedos por su impredecible estado, y a esa lucha a la que se enfrenta Fernando al atraparlo en 360º en una pantalla infinita y circular, como el volcán mismo. Desde su concepción misma, de nuevo está presente esa mira desde la mujer que inspira la pieza a la que vemos en el impreso que la acompaña y notamos la única diferencia entre ella y el volcán: al volcán lo logró atrapar desde todos los ángulos, a ella no.

Porque he visto el proceso de creación, me ha sorprendido mucho el hecho de que haya integrado a bien, a muchos alumnos de la Nueva Escuela de Cine de la Universidad Veritas. Esto dice mucho de la madurez del artista, que aunque arriesgado el proceso, ha sabido dirigir y dirigirse con precisión para obtener el resultado que él y los alumnos esperaban. Este ha sido el tiempo en que Fernando Llanos se vulcanizó, para exorcizarse de otro tormento que le provoca la mujer que amó.

Guillo Martillhoz
Realizador y ciclista salvadorense

 

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