La experiencia

Rodear a pie 360 grados un volcán activo, sin haber investigado sobre el tema, sin estar acompañado de un guía pero si de diecisiete alumnos, durante nueve horas sin agua ni bloqueador solar, y subir hasta la cima que emana vapores tóxicos, es sin duda una gran estupidez.

A lo largo de mi vida he cometido muchas estupideces, entendiendo como algo estúpido esa acción que ponen en peligro mi salud, integridad física y hasta la vida. Por ejemplo, alguna vez convencí a mi hermano y mi mejor amigo de encerrarnos en la cajuela de un coche para ver si cabíamos, lo hicimos y cerramos la puerta para comprobar la acción. El problema es que teníamos las llaves adentro y no se quedó nadie afuera. De todas las estupideces que he hecho, subir al volcán Turrialba es la mayor, y la complicación en este caso radica en que no la hice solo, convencí a unos alumnos a que me siguieran.

Pero quizá, al haber sobrevivido sin rompernos ningún hueso ni dislocado nada, solo con algunas quemaduras por el sol y una fuerte deshidratación, no debería enfocarme en narrar lo peligroso que fue la experiencia, o en la manera tan irresponsable como la manejé, creo que lo más importante es retomar lo positivo, recordar el paseo, las nubes, las flores y el paisaje que descubrimos en la cima de un volcán de América Central. Y para eso que mejor que un par de fotografías que narren la aventura.

Y bueno, al final la experiencia tuvo también algo de pedagógico, como les dije a mis alumnos: "Después de esto seguro conocen mejor su país y hasta su cuerpo". Repito, de todas las estupideces que he hecho, y sobrevivido, esta es la mayor, pero también la más bonita. Juzguen con sus ojos.


Fernando Llanos / Costa Rica, abril 2013.

 


* Las fotos son de Esteban Chinchilla y Fernando Llanos.

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