Sari Bermúdez, evasiva; los diputados, desinformados.

26-Feb-04

Quizás lo más preocupante de la reunión fue descubrir que entre quienes conforman la Comisión de Cultura existe muy poca información.

La titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, acompañada por Filemón Arcos, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. Foto: René Soto
 
Todos llegaron a tiempo. No hubo retrasos para la presentación de Sari Bermúdez ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. La cortesía, el buen tono, incluso se diría que el halago, permearon la visita de la plana mayor de la cultura y, salvo los diputados del PRD, Marbella Casanova e Inti Muñoz, nadie cuestionó a la presidenta del Conaculta sobre el uso discrecional de los recursos dentro del aparato oficial de la cultura.

Lo que en otras circunstancias hubiera sido motivo de exigencias y demandas de información puntual, se convirtió en una pasarela de solicitudes de “su opinión” respecto al ejercicio presupuestal o la necesidad de alcanzar a la brevedad puntos de acuerdo para legislar en la materia y lograr una Ley General de Cultura. No fue poca la sorpresa cuando Sari Bermúdez comentó que el marco jurídico estaría listo este año, pero que la Ley General de Cultura no podría entrar en operación hasta la próxima administración: “Siempre me ha gustado pensar en grande, pero en este caso, antes que tratar de lograr esa ley, debemos primero lograr el marco jurídico; si eso lo logramos entonces nos lanzaremos con todo a tratar de alcanzar esta Ley General de Cultura”.

Los salones C y D del edificio de “los cristales” vieron llegar a una treintena de reporteros, al menos 15 cámaras de televisión y no menos de 15 fotógrafos, todos los cuales presenciaron un acto que alguien llamó de escapismo “asistido”: ante las preguntas poco precisas, más bien argumentativas en lugar de inquisitivas, la funcionaria evadió olímpicamente responder sobre la permanencia de Dolores Creel al frente de la Unidad de Proyectos Especiales (UPX), luego de que se conocieran algunos detalles, hace unas semanas, sobre la realización de un video alrededor de un poema de Octavio Paz que tendrá un costo de casi un millón y medio de pesos.

Las interrogantes acerca de a quién rinde cuentas Dolores Creel (si a la presidencia del Conaculta o a la Secretaría de Educación Pública) no fueron satisfechas. Lo único cierto es que los recursos autorizados para realizar los dos videos representan alrededor del 10 por ciento del presupuesto total de la UPX, que asciende a 14 millones de pesos al año, algo más (pero no menos, en todo caso) que el que se ejerce en todo el Centro Nacional de las Artes ––según sondeo realizado entre personal que labora en el mismo.
Una hora y media después de iniciadas las preguntas y respuestas, réplicas y contrarréplicas, el rostro de los representantes de los medios ilustraba el tenor de lo que se había logrado hasta entonces, un poco más que nada. La información sobre logros y resultados, donativos recabados y la ratificación de los proyectos del Conaculta semejaban un informe de actividades más que una reunión para explicar o, en su caso, proponer las formas y tiempos para resolver problemas tan acuciosos como el destino y suerte de los miles de trabajadores eventuales que laboran en el “subsector cultura” —como se le llama a las 11 instituciones que conforman el sistema cultural mexicano— sin protección laboral de ningún tipo, y sobre el curso de las demandas que hay interpuestas por este motivo.

Los logros y proyectos de estos tres años de gobierno fueron enumerados por la titular del Conaculta de modo enfático: la recaudación de 1,000 millones de pesos de parte de donadores privados para apoyo a la cultura, y el dato de que antes de que termine su gestión estarán funcionando alrededor de 10 centros de las artes en igual número de estados, más 7 universidades de las artes, sin contar, por supuesto, con el gran proyecto, la nueva Biblioteca de México.

Quizás lo más preocupante de la reunión fue descubrir que entre quienes conforman la Comisión de Cultura existe muy poca información y sensibilidad hacia la materia cultural, como no sea en lo referente a problemas legales, jurídicos o políticos. El detalle durante el encuentro fue la presencia de dos bailarines del Ballet Independiente, con un pequeño letrero en el que se podía leer “Apoyo al Diálogo”. Cuestionada sobre el asunto, Sari Bermúdez aceptó que se hará todo lo posible para mediar en el conflicto, aduciendo que la presidencia del consejo está dispuesta a dialogar con quien lo desee, siempre y cuando primero se dialogue con las direcciones de las instituciones involucradas y, “si es necesario”, entonces ella estaría en la mejor disposición de recibir y atender cualquier petición.

De esa forma, la presencia de Sari Bermúdez y de su equipo directivo, más la presencia de los diputados de la Comisión, dio como resultado neto el aplazamiento, “para otras reuniones”, de temas cruciales en la agenda cultural.


Alejandro Ortiz