En Vidarte 2002
Corre Lola, corre
Una nueva versión de Corre Lola, corre,
ocupa la cartelera de Vidarte 2002. El conocido thriller del
germano Tom Tykwer incorpora varios desenlaces argumentales de gran
intensidad política, con la soberbia dirección-actuación
de una Lola des-bocada, en una carrera febril para impedir que las
fuerzas malignas se apoderen del festival del arte y la vida.
En su incontenible imaginario cinematográfico, esta cinta pone
al descubierto diversas manipulaciones (véanse las reseñas
de Reforma y la entrevista de Canal 22), hasta desenmascarar
una verdadera conspiración de artistas e intelectuales comprados
por algunas facciones enemigas de este gobierno [para] afectar al
secretario de Gobernación [Santiago Creel], o a Sari Bermúdez
[Presidenta de Conaculta] (véase Proceso).
Esta convivencia de narrativas paralelas e intercambiables se nos
muestra como un triunfo de la libertad expresiva, pues el avezado
espectador interactivo puede elegir entre los finales ofrecidos. ¿No
en esto consiste la libertad? Cuánto poder ficcional de esta
artista de la autoinmolación declarativa, dotada de un ingenio
tal que no sólo dirige, produce y actúa en sus propias
filmaciones, también se autoentrevista y coordina instituciones
públicas, cuyos recursos aprovecha junto con los tiempos oficiales
de mayor audiencia (nuestros impuestos).
Como era de esperar, una intensa campaña publicitaria en TV,
postes y parabuses urbanos (nuestros impuestos), acompañó
el lanzamiento del remake de Corre Lola, corre. Una
irónica calcomanía digital, distribuida profusamente
durante el pantagruélico banquete posterior a la premier, para
deleite de los comensales, fue el único gesto de humor ante
tanta solemnidad.
Por momentos, el filme hace gala de un lenguaje de tintes filosóficos,
cargado de profundos pliegues azarosos. Lola, en su encarnación
de servidora pública, actriz y realizadora mexicana, manifiesta
su condición de vidente, capaz de recoger el contenido del
futuro. No en balde dispone de los servicios de un asesor astrológico
(¿otra vez nuestros impuestos?). Algunos relojes aparecen de
manera intermitente en recuerdo de la caducidad humana, pero esto
sólo enmascara al componente real, el movimiento convulso del
poder, la carrera frenética en pos del destino. Narrativa frágil,
reversible, con esa afinada sensibilidad New Age de tinte posmoderno.
Un experimento total de estilo, mezcla de animación y estética
del videoclip, con transiciones del color al blanco y negro.
Al ritmo de las pulsaciones sonoras de la música tecno, un
efecto cinestésico placentero se esparce junto con el rumor
y la intriga. Como en los juegos electrónicos equivocarse carece
de significado, siempre es posible reiniciar la acción y trastocar
el final; así, este videogame de la cultura oficial;
el más reciente, ensaya transformar las hipótesis gratuitas
en delaciones certeras.
Pero quizá esta cinta de fragmentación y desdoblamiento
alcanza su momento climático cuando la hiperactiva creadora,
en su rol de Franka pre-Potente, invoca la intervención de
las corporaciones encargadas de la seguridad nacional, al tiempo que
confunde a Vidarte 2002 con Provida, lo cual asegura su conversión
en éxito de taquilla.
Sólo en cines. A continuación, el expediente completo
de Cómo se filmó.
Francisco Reyes Palma